Carlos Vives se defiende de la demanda, por un supuesto plagio en su tema “La bicicleta”

“En un principio empecé a escribir algo que llamé Vallenato desesperado y que luego, en el proceso de trabajar con Shaki, terminó llamándose La bicicleta”, explica Vives, que cuenta que la artista colombiana se unió desde Barcelona al proceso creativo de un tema que nació como un vallenato tradicional, pero que acabó mezclado con un ritmo dancehall jamaicano que ha reventado las pistas de baile de medio mundo y ha ganado dos  Grammy latinos.

“Yo le mandaba cosas, le añadía sonidos de Barranquilla, de donde ella es, le puse el sonido de una flauta de millo [instrumento indígena de la costa del Caribe colombiano]…Ella le puso letras a unos arreglos que habíamos hecho muy lindos, y terminó siendo una canción nuestra”.

El artista regresa a España, 22 años después de su última gira en la Península, para presentar un nuevo tour —La fiesta de todos— y una canción, El filo de tu amor, que integrará su próximo disco Vives, cuyo lanzamiento está previsto para mediados de año. Un tema que el músico también compuso partiendo de las raíces de su tierra y de su ciudad, Santa Marta —“la primera fundada en la costa de Sudamérica en el Caribe”—, donde en el siglo XVII llegó el Carnaval desde las islas Canarias. “Después vinieron los ingleses con la construcción del ferrocarril y la exportación del banano…y llegó el fútbol”. Fue entonces cuando los pescadores del puerto descubrieron el balón, y desarrollaron un ritmo de tambor que aún puede escucharse en el estadio de la ciudad a día de hoy. “Van los tamboreros al estadio de Santa Marta y cuando el equipo empieza a atacar, empiezan a tocar. El origen de mi canción es esa base percutiva”, explica Vives.

Lo tradicional como base de los hitsrompepistas de este antiguo galán de telenovelas de los años 80 y principios de los 90, que procede de antepasados españoles de Cataluña, el País Vasco y Asturias. “Si te oyes los mejores reggaetones, cumbias, vallenatos, hip hops o blues, sus raíces son cosas tradicionales”. La diversidad, asegura, es la seña de identidad de su próximo álbum, en el que conviven dos temas de protesta social— sobre la violencia machista y la desnutrición infantil en regiones remotas de Colombia—, uno dedicado a los ciclistas colombianos —“nuestros héroes— y hasta una canción compuesta con sus hijos.

El pasado octubre —antes de la victoria electoral de Donald Trump—, Vives cantó a esa diversidad en un concierto en la frontera entre EE.UU y México. “No se puede subestimar el aporte de los latinos al crecimiento económico de un país como  Estados Unidos. La política a veces hace cosas, pero la vida real es la vida real: un sistema loco de consumismo como este necesita de gente que trabaje. Necesita gente que produzca al día siguiente más de lo que produjo el día anterior”, afirma el cantante.

“¡Soy el rey del vallenato!”, afirma entre risas, agradecido por el epíteto que le dedicó España en sus inicios. A esas raíces dice volver siempre, pese a todo, el autor de temas como Fruta fresca o Corazón profundo: al vallenato y al acordeón, “el piano de los pobres”, base instrumental de este género. “Donde había gente humilde, el acordeón llegó para quedarse, porque no había posibilidad de tener pianos, ni grandes orquestas. Un solo instrumento podía llenar mucho”, cuenta Vives, que añade otra razón a su popularidad: “Para el músico del pueblo, tener un acordeón en sus manos era tener Europa”.

 

 

 

FUENTE

EL PAÍS

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